Marco histórico y cultural

El Canigó, faro y referencia del Pirineo más mediterráneo, es la montaña sagrada de los catalanes de ambos lados de la frontera

El Canigó se levanta imponente entre las comarcas norcatalanas del Conflent, el Vallespir y el Rosellón, y se divisa cercano desde el Empordà y la provincia de Girona en general.

Es un sitio altamente emblemático que ha sido fuente de inspiración de poetas, leyendas y dichos populares; y hogar, durante centurias, de bosques, ganaderos, masoveros, pastores, fargaires, campesinos, monjes, bandoleros, arrieros, carboneros, peregrinos, naturalistas, excursionistas…

Fascinado e intrigado por su elevada silueta, el ser humano temió, respetó, admiró y conquistó respectivamente estas cimas glorificadas por los relatos y leyendas. Considerada durante mucho tiempo la montaña más alta de los Pirineos, el macizo del Canigó fue convirtiéndose en la montaña sagrada de los Països Catalans.

¿La montaña sagrada de los Països Catalans?

En toda la cordillera pirenaica no encontramos unos desniveles tan destacados como los que presenta este macizo respecto a las llanuras que lo bordean, 2.700 metros, situadas en el nivel del mar. No es de extrañar que hasta bien entrado el siglo XVIII se mantuviera la creencia inmemorial de que el Canigó era la montaña más alta de los Pirineos. Su proximidad al Mediterráneo, a menos de 50 km en línea recta, le convertía en una seña inequívoca para todos los navegantes.

Pero el mito crece cuando este macizo acontece durante la Renaixença, es decir, en el momento de arranque del resurgimiento nacional de Cataluña, el emblema geográfico por excelencia del territorio catalán. Jacint Verdaguer, artífice de la Renaixença literaria, le convierte en 1.886 en protagonista de una epopeya que tiene como escenario el conjunto de la cordillera pirenaica. El Canigó se convierte en un vínculo potente que vuelve a reunir, a finales del s. XIX, las dos Cataluñas, después de tres siglos de separación por el Tratado de los Pirineos. El renacimiento catalán que se desarrolla a ambos lados de la frontera, la toma de conciencia de catalanidad, pasa por el Canigó. Es a través de este movimiento político y social que Cataluña afirmó su identidad, y el Canigó toma este rol de “montaña – símbolo” a partir de la publicación del gran poema de Mossèn Cinto.

Una serie de tradiciones comunes acercan todavía hoy a estos territorios, la más emblemática de las cuales es el encendido de la llama del Canigó. Cada 22 de junio a las 22.30h, la cima del Canigó luce de mil fuegos, y es a partir de esta gran hoguera que se encenderán todas las hogueras de Sant Joan dels Països Catalans. Al amanecer del día de la verbena, después de que un grupo de excursionistas del Círculo de Jóvenes de Perpiñán le hayan acompañado hasta la cima del Canigó, el fuego se traslada, llama a llama, hasta todos los rincones del país. De Prats de Molló a Alicante y de Tamarit de Llitera a Ciutadella, la llama del Canigó es la chispa que abraza los cientos de hogueras que iluminan la noche de San Juan, una fiesta ancestral de bienvenida en verano heredada de los primeros pobladores del Mediterráneo.

Con el paso del tiempo, el Canigó permanece en el subconsciente colectivo de todos los catalanes, y se le venera como enlace incuestionable entre el norte y el sur, tan cercanos, tan hermanos, pero a veces tan poco comunicados por el orografía del Pirineo axial, hecho acentuado por la frontera levantada a raíz del Tratado de los Pirineos (1659). Viatjar al Canigó té l’encant de creuar una frontera sense moure’s del propi país, simbolitza l’abraçada al germà exiliat que és car de veure, però a qui s’estima com el primer dia. O quizás más. Y a quienes el tiempo y los hombres han convertido en una cuna, un mito, un faro, un icono… Sin duda, en la montaña más mítica del Pirineo catalán.

Verdaguer, creador del mito

En 1.879 Verdaguer hizo una estancia medicinal en el balneario de La Presta (Prats de Molló) que le despertó el interés por la montaña cercana del Canigó, por donde realizó numerosas excursiones en solitario, hasta alcanzar la cima. Más adelante, mochila en el hombro y también en solitario volvió a explorar esta montaña hasta no dejar ningún rincón por explorar, pero apuntando continuamente notas y datos en la libreta que nunca la abandonaba.

Le impresionó tanto el macizo y los templos y monasterios – o ruinas – que fue descubriendo que se convirtió para él en una verdadera obsesión que le hizo nacer el deseo de escribir sobre esta montaña. Durante los veranos de 1.883 y 1.884, tomada ya la decisión, empezó a escribir a la vez que recorría la cordillera entera con su bastón de avellano, la sotana, el breviario y el cuaderno de notas, a veces en medio de turbonadas y tormentas. Subió a la Maladeta y al Puigmal, visitó el Pallars y el Vall d’Aran… lugares que a pesar de su belleza le parecían inferiores a su querida montaña. Y así, caminando por las montañas, parándose aquí y allá, surgió en su mente una “leyenda pirenaica de los tiempos de la Reconquista”, y el poema de amor entre el caballero Gentil y el hada Flordeneu. He aquí algunos de sus versos:

Lo Canigó és una magnòlia inmensa
Que en un rebrot del Pirineu se bada;
Per abelles té fades que la volten,
Per papallons los cisnes i les àligues.
Formen son càlzer escarides serres
Que plateja l’hivern i l’estiu daura,
Grandiós veire on beu olors l’estrella,
Los aires rellentor, los núvols aigua.
Les boscúries de pins són sos barbissos,
Los Estanyols ses gotes de rosada,
I és son pistil aqueix palau aurífic,
Somni d’aloja que del cel davalla.

“Cant II, Flordeneu”
Del Canigó gegantí
Gentil en la cima es troba,
Davant d’un quadro diví
Que tots els sentits li roba.

“Cant VI, Nuviatge”
Lo que un segle bastí l’altre ho aterra,
mes resta sempre el monument de Déu;
i la tempesta, el torb, l’odi i la guerra
al Canigó no el tiraran a terra,
no esbrancaran l’altívol Pirineu.
Epíleg, Los dos campanars

El Canigó según los sabios

Josep Pla: “Mossèn Cinto conoció como nadie nuestro país, el Pirineo y el Rosellón de una manera prodigiosa”.

Jordi Creus: “Del Pallars al Ripollès y de la Val d’Aran al Vallespir, Verdaguer había pisado ampliamente el territorio. Excursionista pionero, el poeta había hecho por primera vez la cima del Pic de Balaig – nombre tradicional de la montaña del Canigó – a finales de la década de 1870, ascención que repetiría varias veces a lo largo de su vida”.

Jordi Vila-Abadal, ex monje del Monasterio de San Miguel de Cuixà: “El Canigó es un símbolo de nuestra identidad; y, como ella, sometido desgraciadamente al dominio ajeno. Más allá del Canigó-montaña, hay un Canigó-símbolo, que para cada uno tiene un significado particular e intransferible pero que, colectivamente mirado, representa lo común que tenemos los ciudadanos de países de lengua catalana y nos confiere identidad ”.

Joan Maragall sobre los primeros excursionistas de la Asociación Catalanista de Excursiones Científicas y el Centro Excursionista de Cataluña: “Aquellos jóvenes románticos que seguían los senderos imaginarios de Gentil y Flordeneu, embriagados por un paisaje donde intuían que se aferraban las raíces colectivas de todo un pueblo. Su excursionismo no es un deporte, no es un esparcimiento, no es un estudio, que es amor; y no es tampoco un amor abstracto a la naturaleza, sino a nuestra naturaleza”.

Eduard Vila i Riba, miembro del CEC (1.906): “El Canigó es un lugar de excepción para contemplar las Cataluña del Rosellón y del Empordà, todas una, toda hermosa, aunque repartida entre dos estados hambrientos que le han mercadeado en costas de nuestra propia sangre”.

Eduard Voltas, ex director revista Descobrir Catalunya: “Por causas históricas, el Canigó se ha convertido en una especie de “Montserrat del Nord” desde el punto de vista de la mitología nacional, y en una Meca del excursionismo catalán.

Josep Pla: “El Canigó, la montaña diamantina: cubierta de nieve, ligeramente rosada, parecía un enorme diamante; sobre sus hombros paquidérmicos, la geometría de sus aristas chispeaba en brillos rosas y azules. La montaña tenía una fascinante indiferencia, una fuerza de una belleza deslumbrante, que imantaba la mirada”.

Jean-Pierre Bobo, historiador: “El amor de los catalanes por el Canigó, ese amor sin razón, apasionado, se confunde con el amor de la tierra catalana y del país nativo. El canigó es un vínculo potente que vuelve a reunir, a finales del s. XIX, las dos cataluñas, después de tres siglos de separación por el Tratado de los Pirineos. El renacimiento catalán que se desarrolla a finales del s. XIX a ambos lados de la frontera, la toma de conciencia de catalanidad, pasa por el Canigó. Y es a través de ese movimiento político y social que Cataluña afirmó su identidad. Y el canigó toma este rol de “montaña – símbolo” a partir de la publicación, en 1.886, del gran poema Canigó de Jacint Verdaguer.”

Josep Ribas(San Lorenzo de la Salanca, 1931), profesor e ilustrador rosellonés: “El Canigó tenía una triple vocación: además de ser una tierra de libertad y un espacio pastoral y minero, era también un centro de alta espiritualidad , con abadías románicas e iglesias barrocas.”

Patrimonio tangible e intangible

Etimologia de la palabra “Canigó”, supuestamente pre-romana: la palabra actual sería la evolución del antiguo Kanikono, “el gigante blanco”. Sin embargo, el nombre de la montaña fue durante muchos siglos el Pic de Balaig, topónimo ya presente en varios lugares del Macizo. El Valle de Balaig se considera la cabecera de la ribera de Taurinyà, bajo el fregadero del Canigó, a lo largo de la cual pasa la carretera forestal que conduce al avetar de Balaig y al refugio de los Cortalets, más arriba del estanque de Balaje.

La llama del Canigó: durante todo el año, el Museo de la Casa Pairal de Perpiñán acoge un fuego que se mantiene encendido desde el año 1.955. Al amanecer del día 23 de junio, después de que un grupo de excursionistas del Círculo de Jóvenes de Perpiñán le hayan acompañado hasta la cima del Canigó, el fuego se traslada, llama a llama, hasta todos los rincones del país. De Prats de Molló a Alicante y de Tamarit de Llitera a Ciutadella, la Flama del canigó es la chispa que abraza los cientos de hogueras que iluminan la noche de San Juan, una fiesta ancestral de bienvenida en verano heredada de los primeros pobladores del Mediterráneo.

Monasterio de Sant Miquel de Cuixà: San Miguel de Cuixà es un monasterio benedictino situado al pie del Canigó, en el valle del río de Llitera o ribera de Taurinyà, en el término municipal de Codalet, en el Conflent. Fue fundado por el arcipreste Protasio en el año 879. Fue con los abades Garí y Oliba cuando se convirtió en uno de los centros espirituales y culturales más importantes de Cataluña en tiempos feudales. Es el monumento más interesante de la arquitectura prerrománica o del románico inicial. El actual conjunto monástico es el resultado de tres momentos constructivos: el templo consagrado en 974, las reformas y nuevas construcciones del abad Oliba durante la primera mitad del siglo XI, y el claustro corresponde a la época del abad Gregori. El Monasterio de Sant Miquel de Cuixà ha sido elegido por votación popular como una de las Siete Maravillas del patrimonio cultural material de Cataluña.

Monasterio de Sant Martí del Canigó: La abadía de Sant Martí del Canigó se encuentra a 1.094 m de altura, detrás de un afloramiento rocoso del macizo del Canigó, a las alturas del pequeño pueblo de Castell de Vernet, en el Conflent. Es hacia el año 997 (primera mención de esta abadía), por iniciativa de Guifré II de Cerdanya, conde de Cerdanya y del Conflent y gran nieto de Guifré el Pelós, que se emprenden las obras de construcción de la abadía iris del Canigó para hacer venir una comunidad de monjes benedictinos. Los primeros vendrán desde la abadía de Sant Miquel de Cuixà. Las donaciones de los condes de Cerdanya impulsan, rápidamente, el crecimiento de la abadía, que se convierte en uno de los principales monasterios de la región, el cual rivaliza con el de Sant Miquel de Cuixà y el de Arles. Los capiteles del claustro datan del siglo XII y del siglo XIII. El terremoto de Cataluña de 1428 destruyó el monasterio. La comunidad religiosa lo abandonó entre 1783 y 1785. La abadía de Sant Martí del Canigó es un lugar donde todavía se mantiene la vida religiosa, regida por una comunidad católica.

El Refugio de Cortalets:inaugurado el 4 de septiembre de 1899 por el Club Alpino Francés, fue uno de los primeros refugios de los Pirineos, pasando a ser uno de los puntos estratégicos del pirineismo catalán. Capítulo aparte merece el período de la segunda guerra mundial, en el que durante el Empleo fue usado por los maquis, e incendiado por las fuerzas alemanas en junio de 1944, para ser reconstruido posteriormente en 1.948