
Marco histórico y cultural
Huella humana en cada rincón, desde las cuevas a la piedra seca, y desde las ermitas a la Cartuja de Escaladei
La huella humana a lo largo de la historia
Montsant dispone de un patrimonio arquitectónico, histórico y etnográfico, testimonio de la ocupación y actividades económicas que a lo largo de los siglos han existido en esta zona. Desde los tiempos prehistóricos, pasando por el eremitismo medieval, hasta los siglos XVIII-XIX, en los que la comarca vivió su máxima expansión demográfica, económica y social, la presencia humana en Montsant ha sido constante. Por tanto, el paisaje de Montsant es un paisaje resultado de la acción humana sobre el medio natural.
Los elementos visibles que testimonian esta huella humana en el territorio son numerosos: masías, molinos, construcciones populares de piedra seca (ver App “Pedra Seca”), hitos, cañadas, grutas amuralladas, etc.

Un macizo salpicado de ermitas
El Montsant acoge varias ermitas de larga tradición, como la de la Virgen del Montsant, en lo alto de la sierra Menor, las de San Antonio y Santa Magdalena, del lado de Ulldemolins, la de San Bartolomé, de estilo románico, en el desfiladero de Fraguerau, la de San Juan del Codolar, del lado de Cornudella, todavía habitada por una ermitana, la de la Virgen de la Hoya, cerca de Cabacés.

La Cartuja de Escaladei
Mención aparte merece la Cartuja de Escaladei, la primera de la península, fundada en el siglo XII por monjes provenzales, en un paraje resguardado por la sierra Mayor, donde un pastor había soñado ángeles subiendo al cielo por una escalera apoyada en la cepa de ‘un pino. De ahí el nombre de “Scala Dei”. Durante 7 siglos ejerció un enorme poder sobre la mayor parte de la Comarca, que toma el nombre del Prior que gobernaba la comunidad, no sólo de ascendencia religiosa, sino también económica y política. En 1835, con la desamortización de Mendizábal, los monjes tuvieron que huir y la Cartuja quedó expuesta al saqueo y al expolio. Hoy se pueden visitar sus ruinas, en las que algunas estancias han sido reconstruidas.

Los grados del Montsant
Para acabar este rápido repaso sobre el Montsant, no puede faltar un comentario desde el punto de vista del montañero: a pesar de sus reducidas dimensiones y el aspecto inexpugnable de sus riscos, se trata de un paraíso inagotable por el excursionista. Lleno de pequeños senderos que suben por los riscos de manera inverosímil, pero segura, los llamados “grados”, y que, por otra parte, bajan por barrancos profundos, en los que siempre hay algún elemento digno de hacer algún pequeño rodeo para verlo: ya sea un hoyo, una cueva, un rincón, etc. O simplemente, un paso equipado o estrecho, una cornisa aérea, una trepada fácil… ¡Cuidado, que se contagia!
